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OAXACA  

Rehenes del gobernador

Ixtli Martínez / Fotos: Alicia Huerta
Los testimonios de tortura no acaban. La represión que sufrieron el 25 de noviembre simpatizantes de la APPO, y otros que nada tenían que ver con el movimiento, por agentes federales y estatales continúa.

 

 

 


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Testigo de una violación, víctima de golpes brutales y del abuso de funcionarios estatales y federales, Hilda Coca Gómez, de 21 años de edad, logró salir de la cárcel y ahora se enfrenta a la amenaza de ser aprehendida nuevamente.

Hila estuvo presa más de 4 meses en la prisión de Miahuatlán y en el penal de San José del Rincón Nayarit, acusada de pertenecer a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), y de delitos como sedición, daños por incendio, entre otros.

Con una actitud reservada, Hilda platica que es difícil olvidar lo que pasó el 25 de noviembre, cuando los elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP) enviados por el gobierno del ex presidente Vicente Fox, se enfrentaron con los integrantes de la APPO luego de que los manifestantes realizaron una marcha.

Durante el enfrentamiento, los uniformados replegaron a los grupos disidentes del gobernador Ulises Ruiz, y recuperaron, a través de la fuerza pública, la explanada de Santo Domingo, en donde los integrantes de las organizaciones sociales de la APPO mantenían un campamento.

Hilda detalla que rumbo al Cerro del Fortín, frente a un hotel del mismo nombre. Ella, dos de sus hermanos, y muchas personas más, fueron detenidas violentamente por policías “que parecían militares y que vestían un uniforme camuflado con colores gris, negro y blanco”.

Narra que mientras esperaban un camión que los llevara a su casa, escucharon gritos, “¡corran, corran, tengan piedad!, era mucha gente que huían y atrás de ellos iban camionetas con policías persiguiéndolos”.

“Por un momento me quedé inmóvil cuando las camionetas pasaron encima de las personas que corrían, muchas personas quedaron y rodaron debajo de ellas. Ya no sé si vivieron, sólo vi que eran muchos cuerpos tirados, algunos gritaban, yo me quité por que los policías me aventaron la camioneta pero reaccioné a tiempo”, recordó.

Por un momento fue testigo de cómo los policías enviados por el ex presidente Fox, golpeaban “brutalmente” con tubos y patadas a las personas que alcanzaban; trató de defender a sus hermanos, Elia y Roque, que eran sometidos por los agentes, sin embargo no logró ayudarlos.

“Me gritaron (los policías) ‘que vez pendeja’, y luego sentí un golpe en la cabeza, yo cerré los ojos y por un momento me quedé como inconsciente, en shock. Cuando reaccioné, ya me tenían agachada sobre el pavimento. Los policías estaban como locos, nos gritaban que nos iban a desaparecer que habían venido para matarnos”, relata.

Sobre ese crucero que lleva al Cerro del Fortín, y que se ubica afuera del Centro Histórico, “hasta allá llegaron los policías” cuando el enfrentamiento inició a una cuadra del zócalo de la capital.

Mientras edificios públicos y particulares se quemaban, en ese lugar, “los policías federales camuflados” protegidos por el “apagón de esa noche”, daban garrotazos casi mortales a los que ellos señalaban como integrantes de la APPO y del magisterio.

La joven de 21 años, revive los momentos de tortura y la brutalidad con la que la gente que estaba a su lado era golpeada. “Ya no sentía dolor, sólo que mi cuerpo estaba muy caliente, sobre todo la cabeza por que me tiraron al suelo y entre varios me patearon todo el cuerpo. Lo mismo era para todos, nos agarraban del cabello y azotaban contra el suelo y a otros en la pared”.

Los rostros de las personas estaban ensangrentados, muchos ya no podían ni hablar, aún así los policías los obligaban a levantar la cara para identificarlos, a gritar su nombre, sexo, dirección, y siempre con las manos hacia atrás, de lo contrario recibían más golpes.

De hecho no cesó el maltrato, mientras un grupo de policías buscaban a más integrantes de la APPO y del magisterio en las inmediaciones de esa zona. Otros uniformados que vigilaban a los detenidos esperaban sentados encima de los que estaban tirados en el suelo, y algunos más caminaban sobre sus cuerpos, los pateaban y les preguntaban si todavía estaban vivos, dijo Hilda.

La ex asistente del área comercial en una radiodifusora local, asegura que no sabe qué hacer y cómo actuar tras lo vivido. Ahora no entiende cómo continuar con una vida normal, como si nada hubiera pasado.

Operativo conjunto

El 25 de noviembre elementos de la PFP realizaron un operativo en coordinación con las corporaciones estatales, informó ese mismo día en conferencia de prensa Ulises Ruiz, gobernador de Oaxaca.

“Nos estregaron (los policías federales) con los policías estatales, llegando a San Bartolo, era la casa de gobierno, por que decía cuartel general. Ahí subieron a las camionetas rejas de refrescos con trapitos, como si fueran de nosotros”, señaló Hilda.

Con voz entrecortada, explica que nunca antes se le había hecho un camino tan largo, incluso por lo poco que vio, ya que si volteaba recibía un golpe. El rumbo que tomaron los uniformados para trasladarlos al reclusorio de Miahuatlán eran vías de terracería con árboles por casi todo el camino.

Ese penal que se ubica a tres horas de la capital, en el municipio de Miahuatlán de Porfirio Díaz.

Hilda Coca y sus hermanos, Elia y Roque, llegaron a su reclusión con graves golpes. Ella por las patadas que recibió en la cabeza tenía síntomas de desviación en los ojos, su hermano llevaba la piel abierta con el hueso afuera de uno de sus brazos, Elia tenía la cabeza rota.

Son cosas que no se pueden olvidar y son imposibles de creer, dijo Hilda, quien desde el pasado 4 de abril que salió del penal de Miahuatlán, ha comenzado a vender algunas pertenencias y comida para reunir 60 mil pesos que aún le faltan por pagar, como parte de una fianza que le asignaron de un total de 280 mil pesos, so pena ser reaprehendida nuevamente.

El abuso

Lo más difícil fue la angustia que sentía ante la incertidumbre de lo que iba a pasar con los detenidos en Miahuatlán. Aunque la detención sólo fue por lagunas horas en ese lugar.

“Nos dijeron (en el penal de Miahuatlán) necesitamos 6 voluntarios, en eso se abre una reja y nuevamente la peor pesadilla, otra vez los camuflados, nos esposaron, fue lo peor, pensé que nos iban a desaparecer.

“Nos llevaron a un helicóptero, y nos trasladaron al Aeropuerto de Oaxaca, vi el Cerro del Fortín desde el helicóptero, de ahí nos pasaron a un avión, íbamos esposados, con la cabeza casi pegada a las rodillas, así nos llevaron a todos”.

Los elementos de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) y “los camuflados”, según lo que alcanzó a ver Hilda, eran los que estaban resguardando ese traslado y los que violaron a uno de los hombres detenidos.

“Vi a los camuflados, a los de gris, tocando a un compañero, estaban sobre de él, estaban con él (los policías) le decían cállate, te callas, con voz bajita, lo estaban violando. 

“Eran dos (policías) uno que estaba montado y otro estaba a su lado cuidando con su arma, el compañero nada más gritaba que no, pero no supe quien era por que no nos conocíamos. Era un hombre al que violaron en el avión”, detalló Hilda. 3

Casi todo el tiempo de la entrevista para Contralínea, Hilda tuvo la cabeza agachada, viendo hacia abajo, sólo levantaba la mirada para señalar el lugar en donde fue detenida y para enfatizar en algunas cosas.

En ese avión Hilda, sus hermanos y los demás detenidos incluyendo al que violaron los policías, fueron trasladados al penal de Nayarit. En el reclusorio federal estuvo presa durante 25 días, después la reubicaron nuevamente en el penal de Miahuatlán, de donde salió el 4 de abril bajo condiciones infrahumanas.

La pesadilla no termina para la humilde familia de Hilda Coca, quién también sufrió del hostigamiento de policías estatales que hacían rondines por su casa, incluso los padres Coca Gómez, tuvieron que esconderse por algún tiempo.

Elia y Roque Coca Gómez, continúan presos en el penal de Miahuatlán, mientras, afuera la Hilda y su familia viven angustiados para reunir los 60 mil pesos que quedan por pagar de fianza.

Y es que los 220 mil pesos liquidados para logar la libertad condicional de Hilda, 120 mil, fueron aportados por el Comité de Familiares de Asesinados, Desaparecidos y Presos Políticos de Oaxaca (Cofadappo), 30 mil por el kilómetro del peso de la APPO y 70 mil por un amigo. 

Una amarga libertad para Hilda, ya que los golpes que recibió en la cabeza le originaron estrabismo, dictaminó la oftalmóloga que la atendió. Además, el nervio de uno de los ojos quedó paralizado. Es que en ninguno de los penales recibió atención médica y cuando la hubo le dijeron que no se quejara.

Hoy usa lentes, toma medicamentos y busca trabajo para reunir fondos para el pago de su fianza, que tiene que hacer durante los próximos tres meses, 20 mil pesos cada mes. Ha vendido algunas pertenencias y ayuda a sus padres a vender comida, que es su trabajo para mantener a una familia de 5 personas y para ayudar a sus dos hermanos presos.

Caso Coache

Aún hay más de 40 presos en los diferentes reclusorios de la entidad, así como en los penales de alta seguridad como el Altiplano en el Distrito Federal, en donde se encuentra el líder principal de la APPO, Flavio Sosa Villavicencio.

Sosa Villavicencio fue detenido el pasado 6 de diciembre junto con otros militantes de la APPO, entre ellos Marcelino Coache Verano, ex vocero de la Asamblea Popular quién se encuentra recluido en la cárcel regional de Cosolapa, Oaxaca.

“Hoy por primera vez lloré en el penal, aquí conocí la impotencia”, expresó Marcelino Coache Verano, luego de que el Juzgado Mixto de Tlacolula, reclasificó los delitos en su contra, por lo que le fue negada su libertad.

Coache, como le dicen sus amigos, casi no ve a sus tres hijos porque no tiene los recursos económicos para que se trasladen a visitarlo al penal.

El ex priísta hoy se arrepiente de haber trabajado para ese partido durante 18 años, aunque asegura que en esos momentos estaba convencido de pertenecer al tricolor y de reunir a las personas en las colonias para que llegaran los líderes a dar su discurso político.

Lo anterior, dice Coache ex vocero de la APPO, es uno de los motivos por los que el gobierno de Oaxaca le reclasifico los delitos para negarle su libertad. Y es que “es un temor del gobierno por que sabe y conoce mi trabajo, y si yo salgo puedo ser bastante peligroso para su estructura política en las próximas elecciones”, indicó el activista.

Advirtió que llegará el momento de encontrarse de nuevo con quienes ahora lo consideran peligroso, con los priístas que están libres pese a que cometieron actos graves.

“Saben que es un riesgo para ellos, aunque he tenido ética personal y me he reservado muchas cosas, se los diré de frente en su momento, por que mandaron a hacer cosas graves para quitar del paso a los que querían el poder de sus mismos grupos”, advierte.

Reyna Rivera, esposa de Coache, que ahora trabaja por cincuenta pesos diarios en una posada, platica que la familia completa votó por Ulises Ruiz para que ganara la gubernatura en el proceso electoral de 2004.

“A varios de la familia los convenció, les decía que los ideales del PRI, a diferencia de otros partidos, eran los mejores”, dijo Reyna Rivera.

Hoy la familia del líder del Sindicato Libre del Ayuntamiento de Oaxaca, manifiesta su arrepentimiento por haber dado su voto a quien hoy se empeña en tener tras las rejas a Marcelino Coache.

“Mi esposo dejó al PRI desde que Ulises empezó a reprimir las manifestaciones, y entró de lleno con el FSODO, el 14 de junio, cuando mandó el desalojo contra los maestros”, dice.

Antes del 15 de abril, Marcelino Coache decía “no es momento de claudicar, luchemos por Oaxaca que es de nuestros hijos que merecen ser libres, aún marcando este camino con nuestra sangre, me doblo pero no me quiebro y hasta la victoria”.

Se acercaba el momento de su libertad, pues pudo conseguir el amparo 27/2007, otorgado por el Juez Primero de Distrito, Javier Leonel Santiago; a los delitos de daños por incendio, sedición y asociación delictuosa. En todos los casos, se ordenó a la autoridad estatal se le dictara “auto de libertad por falta de elementos para procesar con las reservas de ley”.

Pero con un pie casi fuera del penal, el juez estatal reclasificó los delitos: ataques a las vías de comunicación, ataque peligroso, rebelión y ataque a funcionarios públicos, con lo que le fue negada su libertad.

La última de las violaciones mencionadas “por atacar a elementos y sargentos de la PFP. Yo le dije a mi esposo a lo mejor se equivocaron; es un error, tú ya tienes que salir de aquí; y él me dijo no, tú te tienes que regresar. Le pregunté ¿que le voy a decir a nuestros hijos si ya te están esperando?”.

En una vida lejos del cariño de sus hijos y de la familia completa, Coache lloró por primera vez dentro del reclusorio, al enterarse de que no le darían su libertad. A empezar de nuevo, pero las fuerzas no son las mismas, asegura la esposa.

“Ese día fue la primera vez en 18 años que tenemos de casados que lo vi llorar”. Los cuatro meses dentro del penal, dice Coache, le han servido para reafirmar sus ideales, uno de ellos, ayudar a los demás, “pero duele que no pueda ayudar a mi esposa y a mis hijos para que estemos juntos de nuevo”, expresó.

Publicado: Año 3 / Abril de 2007 / No. 30



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