Los encargados de legislar a favor de la sociedad oaxaqueña no tiene horario de trabajo y si un salario jugoso; perciben 78 mil pesos más que un trabajador de la construcción, y la jornada laboral de un diputado es de 152 horas menos que la de un ayudante, contratista o albañil.
La preparación académica no es un requisito, cualquier líder social o político con suficiente simpatía popular y poder económico puede ocupar una curul en el estado. Basta con el visto bueno de un partido político.
Bulmaro Rito Salinas, Presidente del Congreso local, asegura que la labor de los congresistas está determinada por ellos mismos, es decir, el tiempo que dedican a trabajar y los asuntos que atienden.
“Este un cargo que te permite sobresalir tanto como puedas o te permite pasar inadvertido, depende de las responsabilidad que asumas como legislador, dependen de lo que quieras crecer dentro de tu carrera política, y hay legisladores que sólo quieren cobrar su dieta, van a las sesiones y punto”, acepta.
El presidente del Congreso también admite que no hay un reglamento que obligue a los diputados a cumplir con objetivos y metas; tampoco hay mecanismos que califiquen la eficiencia y calidad de su desempeño. Actualmente, los representantes populares pueden faltar a las sesiones sin que su ausencia se les sea descontada a su salario.
Rito Salinas asegura que la sanción al ausentismo forma parte de una propuesta al aire, ya que no hay nada concreto. Además, los diputados oaxaqueños tienen periodos muertos, las cuales también cobran.
“Entre los periodos de sesiones hay tres meses, en ese tiempo, atienden los diputados asuntos en comisiones, se les da tiempo para que vayan a sus comunidades a atender las peticiones que tengan pendientes, y para eso se les dan sus viáticos”, dice.
Supera Ulises trabajo legislativo
Los números sobre el desempeño de los 42 diputados locales demuestran la poca produccion de este poder. El líder de los diputados oaxaqueños admite que han sido superados por Ulises Ruiz. “La mayoría de las iniciativas fueron presentadas por el Ejecutivo del estado”, manifestó.
De acuerdo con estadísticas del Congreso de Oaxaca, en los dos años y medio que tienen la LIX legislatura en funciones se han presentado 45 decretos y 3 acuerdos. El Ejecutivo del estado liderea estas cifras con 21 iniciativas; es decir, el gobernador hizo el trabajo de los diputados.
En el escrito de “Leyes de nueva creación y reformas trascendentales al sistema jurídico de Oaxaca”, se especifica que Ruiz entregó la iniciativa de reforma a la ley orgánica de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Oaxaca, del Poder Judicial del Estado y del Poder Ejecutivo del Estado, en materia de justicia para adolescentes.
También entregó las reformas al decreto de Caminos y Aeropistas de Oaxaca, Ley de Justicia Administrativa, Código Penal para el Estado de Oaxaca, Ley de Tranparencia y Acceso a la Información Pública, Reformas a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo relacionada con la Coordinación de Comunicación Social, Ley de Caminos, Carreteras y Puentes, entre otras.
En estas estadísticas, un número no equivalente de diputados le siguen en productividad con 13 decretos, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) le siguen tres; luego se ubica Acción Nacional con dos iniciativas.
Los partidos de la Revolución Democrática, Verde Ecologista, del Trabajo, Convergencia y Unidad Popular; no cuentan con decretos aprobados.
Incluso, el ex gobernador José Murat aportó al trabajo legislativo con el decreto aprobado número 312, el cual hace referencia a la Ley de Protección de Derechos de los Niños y Adolescentes.
Respecto a los acuerdos emitidos por el Congreso Local, la situación no cambia. El tricolor encabeza la lista con 15, luego se ubica el PAN y PVEM con 12, el PRD con 8, Convergencia y PUP con uno. Sin embargo, de este universo de acuerdos, sólo tres fueron aprobados.
“Hay que tomar en cuenta que somos siete de 42 diputados, no basta con presentar la iniciativa, te tienes que ganar los votos y las mayorías se construyen, ni siquiera con toda la oposición nos da para generar una mayoría. Necesitamos la primera fuerza en el Congreso, que es el PRI porque tiene 23 y con sus aliados son 25 diputados; y solamente así podemos crear acuerdos de mayoría que te permitan pasar las leyes”, justificó Carlos Moreno Alcántara, coordinador de la fracción parlamentaría del PAN, sobre los pobres números.
En tanto, Lenin López Nelio, líder de los diputados perredistas, argumentó un boicot en contra de su instituto político. “A nosotros siempre nos tumban las iniciativas, ni siquiera respetaron la propuesta de quitar candados a la Ley de Transparencia, por eso no tenemos leyes aprobadas por parte de nuestra fracción”, dice.
El día a día
El horario de un diputado local es muy flexible, no tienen hora de entrada ni salida, incluso ni en los días que hay sesión, que son una vez a la semana. Un día normal de un legislador oaxaqueño inicia, en promedio, a las nueve de la mañana; los que se quedan en la Ciudad de Oaxaca, tiene tiempo para ir a desayunar a un buen restaurante.
Al medio día, los diputados se perfilan hacia las oficinas de su partido, desde ahí atienden tareas ajenas a sus deberes, por ejemplo, en este año electoral, supervisan y diseñan los mecanismos para la elección de candidatos; vigilan el funcionamiento de las estructuras para la promoción del voto.
Los diputados del interior del estado, pasan la mayor parte de la semana en sus comunidades, atendiendo asuntos personales. Despreocupados, relajados hasta contentos se observan a los representantes populares en los lugares públicos. Nada los aqueja ni presiona.
Durante el periodo ordinario de sesiones, la agenda marca a los miércoles como los días de sesión. Regularmente, éstas se programan a las 13 horas, sin embargo, las reuniones arrancan dos ó tres horas después.
En el salón de plenos, los únicos que aparentemente ponen atención a los asuntos del día son los diputados que integran la mesa directiva, los que están en la mesa de enfrente; el resto, platica, habla por teléfono, manda mensajes, come, pasan lista y se salen del auditorio; incluso, algunos –los más grandes de edad- se duermen.
Nadie sabe de qué se habla, sólo levantan el dedo cuando escuchan su nombre, de manera automática. Después de dos horas, las sesiones concluyen; y como en las grandes jornadas de trabajo, los legisladores se retiran a descansar.
En los cubículos que los diputados locales tienen en el Congreso, es casi imposible verlos, sus secretarias y asistentes son lo que hacen uso de estos espacios, destinados a la atención de los ciudadanos a los cuales representan.
Ahí convergen campesinos, indígenas, profesionistas y simpatizantes, quienes acuden –sin éxito- al edificio legislativo para hablar con los diputados. En las entrevistas a medios de comunicación, las citas son siempre fuera de sus oficinas del Congreso.
El otro lado de la moneda
En las calles está la otra realidad, muy diferente a la condición de los diputados locales. Riesgos, salarios mínimos, incertidumbre y jornadas laborales largas.
Liborio Martínez Cortés, originario del municipio de Santa Catarina Loxicha, tiene 56 años de edad. Toda su vida se ha dedicado a los trabajos de albañilería. La pobreza extrema de su población y la falta de oportunidades, lo trajeron a la capital del estado. Trabaja 10 horas diarias, bajo el sol y con escaso tiempo para echarse un taco.
“Mientras que este sano no me perjudica trabajar en el sol, porque un hombre tiene que trabajar duro y de todo; y por eso me siento bien”, señala, mientras, con un pico en las manos, rompía el concreto de una banqueta de las calles de la colonia Reforma. Martínez Cortés es ayudante de albañil, su sueldo semanal es de mil pesos sin prestaciones de ningún tipo.
Juan Aragón, contratista de obras de construcción denunció que los trabajadores de su ramo están obligados a cubrir un horario de trabajo. Su jornada la inician a las 8 de la mañana y concluye a las 6 de la tarde.
“La verdad es un trabajo muy pesado, aquí el que no viene, no se le paga; y cada quien tiene que terminar con que se le asigna al día, ya sea excavar, medir banquetas o rellenar, hay otros que se dedican al colado”, dice.
Explica que en el trabajo de la construcción no hay tiempos muertos o inhábiles. “Si terminas un trabajo, tienes que empezar otro. Lo mismo sucede con nosotros como contratistas, terminamos una obra y tenemos que buscar otra, si queremos comer”
La albañilería está llena de riesgos, ya que todos los días existen reportes de lesiones que van desde machucones hasta fallecimientos, originados por caídas y atropellamientos.
Los estándares de productividad son otros, aquí los resultado cuentan en la remuneración económica. En tres años, a diferencia de los diputados locales, los albañiles, constructores y ayudantes realizan más obras en beneficio de la sociedad.
“Cuando hay trabajo, entre obra chiquita y grande, en tres años estamos hablando de 20 a 25 obras terminadas al 100 por ciento, desde una banqueta, una pared, una barda hasta un edificio”, explicó Aragón.
El trabajo no se centra en un solo espacio, los albañiles se trasladan a las comunidades del interior del estado donde les ofrezcan un trabajo, para esto tienen que viajar grandes distancias y pagar sus gastos de transporte, comida y en ocasiones hospedaje, cuando en la obra no hay “paraderos”, como llaman a los cuartos provisionales que usan para descansar.
Algunos albañiles y contratistas cuentan con preparación para desempeñar este trabajo.
“Yo soy programador analista, estudié la primaria, secundaria, preparatoria y una carrera técnica; pero he contratado, incluso, a personas que cursaron media carrera en ingeniería civil, aunque no terminaron porque no tuvieron recursos. Ahora son albañiles”, cuenta.
Las obras no son seguras, dependen de temporadas, es decir, hay ocasiones en que no hay nada de trabajo por más que lo busquen, y ante esta situación tiene que emplearse en actividades ajenas que les den de comer para ese día. “Cuando hay trabajo aquí ando, pero a veces la hago de cargador o de lo que salga en la Central de Abasto”, expone Liborio Martínez.
Publicado: Año 3 / Junio de 2007 / No. 32
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